Cada familia tiene sus propias rutinas para antes de acostarse: el baño, la cena en família, un rato de tele, leer un cuento, bajar luces y ruidos, canciones de cuna, etc. Las rutinas son algo que se hace porque debe hacerse y, a fuerza de repetirlas, acaban por convertirse en una inercia. Ahora bien, si quieremos darle un sentido más profundo a las acciones cotidianas, ¿por qué no convertir las rutinas en rituales?
Los rituales no se hacen nunca por inercia, sino que son actos simbólicos y siempre conscientes. Con una rutinas expresas aquello que haces; con un ritual, en cambio, expresas aquello que eres. Si consideramos que esta es una diferencia suficientemente importante, deberíamos implicar a los niños en el arte de celebrar rituales. Por eso, voy a recomendar cuatro que son fantásticos para hacerlos con los hijos antes de que se acuesten:
Posavasos de Bärbel Mohr. Siguiendo las enseñanzas de Masaru Emoto acerca de las estructuras cristalinas del agua, Bärbel Mohr diseñó unos posavasos decorados con mandalas para ayudar a energetizar el agua de los vasos que sus hijos ponían en la mesita de noche antes de irse a dormir. Hizo uno para cada vibración que quería atraer: gratitud, luz interior, salud, alegría, etc. Sólo es cuestión de imaginación y, si sale un diseño que te guste especialmente, puedes plastificarlo para poderlo utilizar en múltiples ocasiones.
Burbujas de colores. Éste me lo enseñó mi amiga Gaby. Dentro de las burbujas puedes poner personas, hechos o circunstancias y debes elegir el color en función de las necesidades: azul para protegerse (o proteger a otra persona); rosa para el amor; verde para la salud; transparente para hacerse invisible, y violeta para transformarse o transformar algún hecho o circunstancia.
Maquillaje invisible. Con un pincel y "pintura invisible" maquilla a tu hijo explicándole cada color y cada forma que utilizas. Este ritual suele gustarles mucho y es habitual que también quieran ser ellso los que te maquillen a ti. Es posible que tengas que hacer esfuerzos para no dormirte ;-)
Diario de agradecimientos. No se trata de un diario escrito (aunque tambien puede serlo) sino de un diario oral. Es un ejercicio muy sencillo pero muy eficaz para desprogramarnos de toda la negatividad que nos ha rodeado durante el día y para iniciar a los más pequeños en la buena costumbre de pensar en positivo. Los niños de menos de cinco años tienden acambiar los hechos negativos o a buscarles aspectos positivos. No hay ninguna necesidad de explicarles lo que estamos haciendo, qué significa agradecer o para qué sirve. Lo descubrirán solos, si no es que ya lo saben mejor que nosotros.
Todos
estos rituales se puede hacer en combinación con técnicas de
programaicón neuro-lingüística de las que hablaremos en otro artículo.