Crianza

Palabras mágicas





Este artículo no es sobre Houdini. Las palabras mágicas no son "abracadabra pata de cabra". Las palabras mágicas son aquellas que expresan consideración hacia los demás: por favor, gracias, perdona, salud, etc. Escena típica: dos niños en un parque; uno tiene un patinete y el otro lo quiere usar. El primero se lo presta y el otro va a cogerlo con una ilusión inmensa. Sin embargo, antes de que llegue a cogerlo, se oye a su madre: "¿Qué se dice?". En menos de un segundo, ese niño puede haber perdido la ilusión y la alegria de hace un momento y puede sentirse culpable, avergonzado y frustrado, por no decir amenazado.

Tanto si tenemos tres años como si tenemos cuarenta o setenta, las palabras mágicas deberían salir del corazón. Si no es así, son palabras vacías, sin sentido y sin utilidad. Podemos obligar a un niño a decir "por favor", pero no podemos obligarle a ser cortés; podemos obligarle a decir "gracias", pero no podemos obligarle a sentir gratitud. Uno puede elegir -debe elegir, en realidad- si quiere tener un hijo que use correctamente estas palabras en el momento adecuado, aunque sea con la boca pequeña, o si prefiere que, cuando las use, lo haga de corazón y no sólo de palabra. Pero, si no podemos exigirle que pida las cosas por favor, que de las gracias o pida perdón. ¿cómo vamos a conseguir que lo haga? La respuesta es tan sencilla que, a veces, se nos escapa: hay cosas que no se enseñan sino que se aprenden; y la consideración hacia los demás, el respeto, la cortesía, lo que se suele llamar buena educación, es una de estas cosas. Los niños tratan a los demás tal y como ellos son tratados. Tratalos con respeto y educación, sé tú cortés con los demás y, mediante la observación directa, tu hijo pronto descubrirá cuándo dices cada una de las palabras mágicas, descubrirá cómo se siente cuando se las dices a él y descubrirá cómo se siente cuando otras personas no lo tratan con el mismo respeto.

El respeto es la base de la educación, pero no sirve de mucho sin un trasfondo de confianza. Que no te importe lo que piensen los demás cuando tu hijo no pida las cosas por favor. Hazlo tú y confía en que él acabará por coger el truquillo.


*Este artículo fue inspirado por otro de Jan Hunt publicado en The Natural Child Project