Crianza

Piel con piel


Hay tanta desconfianza, aún, en la naturaleza y en los procesos de la vida...
(Mónica Delgado Guerrero, Pediatra neonatóloga)



La asociación El Parto Es Nuestro ha iniciado este año la campaña “¡Que no os separen!” para informar y concienciar a todas las madres del derecho que tienen de estar siempre con sus hijos recién nacidos. La separación es dolorosa tanto para la madre como para el bebé, quien puede experimentar un estrés físico y psíquico que puede incluso provocarle enfermedades.

Por eso, porque la separación va contra natura, proponen la aplicación del método canguro a todos los recién nacidos, sean o no prematuros, como también recomienda la Organización Mundial de la Salud. El neonatólogo Nils Bergman explica que la prematuridad no es una enfermedad, que lo que en muchas ocasiones se consideran enfermedades del prematuro no son más que secuelas de haber estado separado de su madre en su primer momento de vida: “lo peor que le puede pasar a un recién nacido”, dice “es que lo separen de su madre”.

¿Qué significa, entonces, “no separar”? El concepto de la no separación puede desglosarse así:

-garantizar el contacto piel con piel entre la madre y el bebé inmediatamente después del nacimiento y de forma continuada. Es lo que se denomina método canguro y que se aplica, en algunos hospitales, sólo a bebés prematuros. Los bebés sanos necesitan el contacto con la madre y suelen tenerlo, si no en la primera hora de vida, sí en la segunda; los bebés prematuros necesitan aún más este contacto pero, qué ironía, ¡a estos los ponemos directamente en incubadoras!

-no cortar el cordón umbilical hasta que no se haya transferido toda la sangre de la placenta, es decir, hasta que no deje de latir.

-facilitar el inicio de la lactancia materna en los primeros minutos de vida, cuando aún es fundamentalmente instintiva.

-respetar la intimidad de este primer momento, que es irrepetible, para no interrumpir el flujo de hormonas que establece ése vínculo único entre la madre y el bebé (lo que el Dr. Michael Odent denomina “efectos conductuales de las hormonas”).

El hecho del nacimiento (así como el embarazo, el parto y el puerperio) se ha medicalizado de tal manera que se ha llegado a normalizar su tratamiento como si fuese una enfermedad. El bebé que acaba de nacer se ve sometido a una serie de agresiones de “rutina” totalmente innecesarias, como si conocer su peso y medida fuese más importante que aprender a respirar sobre su madre, como si una inyección intramuscular de vitamina K fuera a darle más salud que el contacto directo con la piel de la madre y los primeros sorbos de calostro. La situación se ha normalizado hasta el punto de que las madres, simplemente, nos dejamos hacer porque es “lo que toca”, lo que “se hace siempre”, porque para eso están los “profesionales”. Como si un nacimiento se tuviera que dejar en manos de profesionales, como si parir no fuese un hecho natural e instintivo.

Para más información, visitad la página web quenoosseparen.info